El doctor de los pobres es parte de la caraqueñidad Imprimir
Escrito por Diario Ciudad Caracas   
Viernes, 29 de Junio de 2018 14:54

El doctor de los pobres es parte de la caraqueñidad

Dr José G. Hernandez Siervo de Dios

La esquina de Amadores en La Pastora fue testigo del accidente que le quitó la vida a Goyito

Un hombre sencillo y bondadoso, dedicado a la atención de los más necesitados sin interés de recibir ningún reconocimiento monetario, ese era el doctor José Gregorio Hernández.

Nació en Isnotú, estado Trujillo, el 26 de octubre de 1864 y a los 13 años de edad se vino a Caracas, donde luego inició sus estudios en Medicina, siendo uno de los más sobresalientes y obteniendo una beca para estudiar en Europa y profundizar sus conocimientos en microbiología, histología normal, patología, bacteriología y fisiología experimental.

Se distinguió por su fe inquebrantable, su humildad, profundo trabajo social, su excelencia profesional, su devoción a la Virgen y su gran amor a Dios y al prójimo. En dos oportunidades quiso hacerse sacerdote, pero su condición física fue su mayor impedimento.

Su imagen de pelo negro engominado y bigote clásico, con sombrero y maletín, son parte de la memoria colectiva de un pueblo que recibió y sigue recibiendo sanaciones y mensajes simbólicos del "sanador de cuerpo y alma de los pobres".

Hace poco, en la II edición de la Bienal del Sur, realizada en el Museo de Arte Contemporáneo Armando Reverón, cobró vida la imagen del doctor con un performance de teatro invisible que fusionó el video y la fotografía, donde el actor Miguel Flores lo personificó, con el fin de traer y reconocer las diversas visiones y lecturas sobre la fe del pueblo con tan importante personaje, símbolo de religiosidad.

Los conductores confían en él para viajar con seguridad. Los enfermos ponen sobre sus camas fotos del médico, vestido con una bata sanitaria blanca. Los creyentes llevan su estampa dentro de sus carteras o monederos como si se tratara de tarjetas de seguro.

Un día como hoy, en el año de 1919, con tan solo 54 años de edad, un trágico accidente le quitó la vida a aquel hombre de espíritu místico y sanador, quien esa tarde se dirigía a atender y alentar a una anciana que se encontrada gravemente enferma a escasas cuadras de su casa en La Pastora. Sus restos reposan en la Iglesia Nuestra Señora de La Candelaria, en Caracas.

La iglesia inició en el año 1949 el proceso de beatificación y canonización. En 1986 fue nombrado venerable por el papa Juan Pablo II.

NIEDLINGER BRICEÑO/CIUDAD CCS