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La Caraqueñidad | Una ciudad inspiradora que reta a ser descubierta PDF Imprimir E-mail
Escrito por Diario Ciudad Caracas   
Jueves, 19 de Julio de 2018 13:47

La Caraqueñidad | Una ciudad inspiradora que reta a ser descubierta
Este agitado valle que nunca descansa ha sido la musa de grandes escritores, pero también de pequeños soñadores que la relatan en sus...
12 julio, 2018

Caraqueñidad

Para escribir sobre Caracas hay que vivirla primero, conocerla y recorrerla. Hay que montarse en metro en la estación de Palo Verde y bajarse en Propatria, sorprenderte con las casitas de Caño Amarillo y los trancaditos en Capitolio.

Pero además hay que viajar en camionetica; subirse a una que vaya a Puerta de Caracas desde Quinta Crespo, porque agarrarla más arriba es imposible. Bajar a pie por la Baralt, conectar con la Urdaneta y completar el viaje en autobús hasta Petare. Es un recorrido eterno: los libreros de las Fuerzas Armadas, el movimiento de la Plaza de La Candelaria, la vista a Pinto Salinas, los murales de Manuare en la Libertador y las curvas para entrar a Chacao, el Obelisco de la Plaza Francia, el Parque del Este y el elevado de Los Cortijos.

Da para todo, o para todos, como una ciudad viva que se mueve al paso del recorrido Chacaíto-Plaza Venezuela. ¿Acaso no es un sueño el bulevar de Sabana Grande? Sabores, colores, texturas y sonidos. Los paseos más bonitos de un caraqueño son en ese bulevar sin árboles.

Sus relieves con subidas empinadas que cansan. Cerros en el oeste y colinas al este, pero en el norte el Waraira, gigante que invita a perdernos entre caminos de tierra y pozos de agua helada.

Hay que embotellarse en la Valle-Coche y encandilarse al salir de los túneles; ir por los caminos verdes del Country Club, sortear camino hasta Ruperto Lugo, donde se toman las mejores fotos de atardeceres con el cielo estallado en amarillo tostado y naranja tornasol, luego bajar e ir al 23 de Enero, subirlo y después volverlo a bajar, y descubrir que el Bloque 8 no está por ninguna parte.

Salir a todo riesgo de noche, porque a esa hora es otra ciudad. Caracas no pega un ojo, con tantas lucecitas que alumbran el paisaje. La pobre se trasnocha, pero nunca se queda dormida. Cuando el sol sale por Petare ya te está esperando para inspirarte, en odio y en amor. Allí la ves, así es ella: por las mañanas no la soportas y por las tardes te conquista con su fresquito.

Tú, ciudad de locos, odalisca rendida que inspiraste a Pérez Bonalde y al dueño del realismo mágico a escribir su mejor cuento para un concurso que nunca ganó. Te estaremos leyendo, entre páginas y autores, pero también entre callejones y avenidas. Nos leemos luego.

Caraqueñidad - 1
Historias de Nuestra gente
Un zapatero aprendiz de Chivas

Plantado desde hace muchos, pero muchos años, está el zapatero de la esquina de Amadores en La Pastora. Muchos lo conocen simplemente como "Chivas", y en estos tiempos su oficio ha permitido que los caraqueños nos ahorremos una platica en la compra de calzado.

Pero no es de Chivas esta historia; es de su aprendiz, Wilmer Ascanio. "Tengo 16 años viviendo en Caracas. Soy de Barlovento, y allá trabajaba en las construcciones y en la impermeabilización de techos, porque eso de estar metido en los montes nunca me gustó.

Aquí el maestro es Chivas, tiene toda su vida trabajando en esta esquina y me trajo de Barlovento. Tengo alrededor de un año aprendiendo este oficio (...) siempre viene mucha gente a reparar sus zapatos. Diariamente recibimos entre 5 y 10 pares. Aceptamos transferencia, muy pocos pagan en efectivo. Cobramos lo justo: pegar una suela puede costar 400 mil, eso también depende de lo despegada que esté.

Lo que más recibimos son sandalias, pero lo más costoso es reparar zapatos deportivos: hay que comprar las suelas, que valen dos o tres millones, pegarlas y coserlas. Un potecito de pega pequeño puede costar hasta un millón y el hilo de coser es caro también", comentó.

Caraqueñidad -2
Apamate: regalo para la ciudad

Dándole un tono rosa al suelo gris de la esquina de Gradillas está su apamate, que en estos días se despide de sus flores para echarlas a volar en la mirada de quienes pasan.
La suave caída de estas flores son capturadas en tiempo real por quienes se maravillan con los regalos de la naturaleza, y hasta un deseo pueden pedir durante ese recorrido que pareciera estar en cámara lenta.
Solamente los niños que pasan son capaces de echar a volar nuevamente esas flores.a.c.
ALBERT CAÑAS/CIUDAD CCS
FOTO YRLEANA GÓMEZ/LUIS BOBADILLA/CAÑAS